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Movimiento de Cursillos de Cristiandad

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Memoria y misión

Historia del Movimiento de Cursillos de Cristiandad

Desde los orígenes en Mallorca hasta la presencia del MCC en el mundo.

Un viaje por la memoria viva del Movimiento, siguiendo los pasos, las intuiciones, los encuentros y los signos de Iglesia que ayudaron a hacer florecer los Cursillos de Cristiandad.

Leyendo Capítulo III — Cuando sopló el Espíritu: la voz de Pío XII

Capítulo III 3/9

Cuando sopló el Espíritu: la voz de Pío XII

El llamamiento a buscar caminos nuevos para que los alejados conocieran el Amor de Dios.

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Papa Pío XII sentado en un retrato oficial.
Papa Pío XII sentado en un retrato oficial. Fuente de la imagen: Sete Margens — Archivos de Pío XII hoy abiertos

Hubo un momento decisivo que transformó de manera determinante la vida de Eduardo Bonnín y el propio nacimiento del Movimiento de Cursillos de Cristiandad. Fue uno de esos acontecimientos en los que se percibe claramente la acción del Espíritu Santo.

El 6 de febrero de 1940, el Papa Pío XII se dirigió a los párrocos y predicadores de Cuaresma en Roma, animándolos a buscar caminos nuevos, distintos de los habituales, con el propósito claro de llevar el Amor de Dios a todos, sobre todo a los más alejados.

Esta intervención papal llegó a manos de Eduardo a través del libro *S.S. Pío XII y la Acción Católica*, que incluía aquel discurso tan significativo. Entre los pasajes más fuertes, el Santo Padre declaraba:

“Ante esta doble realidad de vuestro pueblo, es deber del párroco formarse una visión rápida y sensible, un cuadro claro y minuciosamente detallado…
por una parte, de la población fiel, especialmente de sus miembros más comprometidos, de los cuales puede salir el fermento para promover la acción católica;
y por otra, de los grupos que se han alejado de la práctica de la vida cristiana.
También estos son ovejas del rebaño parroquial, ovejas descarriadas; y también sobre estas — e incluso, sobre ellas particularmente — sois vosotros, queridos hijos, los guardianes responsables.
Y como buenos pastores, no debéis ahorrar esfuerzos ni trabajos para buscarlas, para conquistarlas de nuevo, ni concederos descanso hasta que todas encuentren refugio, vida y alegría en el regreso al redil de Jesucristo.”

Este mensaje tuvo un efecto profundo en Eduardo. Más tarde recordaría aquel momento con sencillez y claridad:

“Esto lo metí más en el corazón que en la cabeza — o quizá en ambos — y dije: ‘hay que hacer algo.’”

A partir de esta inspiración, y movido por una urgencia interior, Eduardo desarrollaría en 1943 el esquema que daría origen al primero de los rollos: el “Estudio del Ambiente”.

Fue este rollo el que puso la base de la estructura de todos los que le siguieron. Más que un contenido aislado, se convirtió en la raíz de todo el método, en la semilla de la que brotaron los fundamentos del movimiento, tal como hoy lo conocemos.

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